martes, 19 de mayo de 2026

Teoría de la democracia



        Para empezar a hablar de la democracia podemos recurrir a su etimología. Demos significa pueblo en griego y cratos poder, así que sería el modo de gobierno donde el poder reside en el pueblo. Noberto Bobbio la define como "el conjunto de reglas que permiten la más amplia y segura participación de la mayor parte de los ciudadanos, ya de forma directa ya de forma indirecta, en las decisiones políticas, es decir en las decisiones que afectan a toda la colectividad".


        De acuerdo con esta definición, Bobbio, establece cuáles han de ser las reglas fundamentales de la democracia, a saber:
        - Todos los ciudadnos mayores de edad han de poseer derechos políticos, consistente en expresar con  el voto la opinión o elegir a quien la exprese por él.
        - Todos los votos han de tener igual peso.
        - Todos los ciudadanos han de ser libres a la hora de votar e informarse, lo que implica la existencia de debates.
        - Deben existir alternativas reales.
        - Vale el principio de la mayoría.
        - Ninguna decisión tomada por mayoría debe limitar los derechos de las minorías, sobre todo el de poder convertirse en igualdad de condiciones en mayoría

                                            1909-2004, fue un jurista,                                                             politólogo    y filósofo italiano y,                                                 encima, tuvo de compañero de clase                                              a Cesare Pavese.



    Bien, asumiendo como regla el principio de la mayoría, Bobbio señala a continuación que esta norma no está exenta de problemas y señala principalmente tres.
  
1. El criterio de la mayoría es un criterio cuantitativo, así que nos podríamos preguntar :¿sirve para solucionar problemas cualitativos? ¿Hasta qué punto los problemas cualitativos pueden resolverse según los tantos por cientos que suponen las decisiones democráticas?
Pero, por otra parte, si la mayoría no sirve, solo nos quedan dos opciones: que dirijan unos pocos o que dirija solo uno. Y entonces nos podríamos preguntar por qué es más válido su                                                                        criterio.
    Además, el principio de la mayoría, dice este autor, es más respetuoso con la libertad humana y  el derecho a dirigir nuestras vidas, al tiempo que se garantiza el orden social. En palabras de Kelsen (también jurista, filósofo y político), el principio de la mayoría garantiza el mayor grado de libertad personal a la vez que el orden social porque con este principio el orden social concordará con la voluntad del mayor número y discrepará con la del menor número posible.
    Asimismo, la regla de la mayoría se basa en la idea de la igualdad en el sentido de que todas las personas tienen el mismo valor político.
    Bien es cierto que la mayoría puede decidir algo absurdo; pero, en tal caso, sigue habiendo una ventaja, porque las consecuencias del error las paga los que lo han cometido. En cambio, si las decisiones las toma una minoría, los errores los pagan otros: la mayoría.  

    2. Posibilidad de que la mayoría decida establecer un sistema no democrático o dictadura, como ocurrrió con Hitler en 1933
    Para responder a este problema podemos seguir a Elías Díaz en su obra Estado de derecho y sociedad democrática (Taurus). En ella rebate, en primer lugar, el ejemplo como un ejemplo falaz, pues, en realidad, el pueblo alemán no era libre con la violencia nazi en las calles, el incendio del Reichtag...Todo lo contrario, el pueblo estaba intimidado. 
    Además, un pueblo no puede negarse a sí mismo la libertad porque un pueblo es algo dinámico, siempre lo están integrando nuevas personas y ningún cuerpo electoral puede negar la libertad a aquellos que no lo han decidido. En consecuencia, habría que votar todos los días y, en tal caso, no podríamos seguir hablando de dictadura.
    A esto añade Bobbio que la regla de la mayoría tiene un límite: la regla que impide a la mayoría abolir la mayoría.

    3. Finalmente, cabe preguntar si todo tema de interés colectivo debe someterse a este principio. Bobbio señala tres excepciones: los derechos humanos, asuntos científicos y tecnocráticos; aunque estas exclusiones no son absolutas ya que los asuntos científicos y tecnocráticos, debido a sus implicaciones sociales, pueden requerir una valoración democrática así como algunos aspectos en la regulación de los derechos humanos.

    Sin embargo, quizás el mayor problema a día de hoy sea la misma realización efectiva de la democracia.
    En primer lugar, la democracia moderna nunca fue directa como la ateniense sino representativa. Los ciudadanos no toman las decisiones y esto puede acarrear que se distancien así como el representante del representado. 
    Por todos estos problemas y otros, podríamos decir que la democracia perfecta no existe. Más bien habría que concebir la democracia como un proceso inacabado hacia un ideal, como "democratización".

miércoles, 5 de noviembre de 2025

ÁFRICA NO ES UN PAÍS

   

 Vamos a empezar examinando qué sabemos de este continente. Para ello tenemos un mapa político mudo. ¿Cuántos países sabrías localizar?

https://mapasenriquealonso.com/africa/paises/




 Africa no es un país es el libro publicado por Dipo Faloyin


    Faloyin (1990) es periodista y escritor, nacido en Chicago ero criado en Lagos, que da a conocer las últiples identidades y culturas que coexisten en África. El mismo título de su obra ya es una declaración.  En ella pretende deconstruir los estereotipos reduccionistas asociados al continente africano.

    A continuación, lee este extracto del comienzo de su libro y realiza las actividades. por favor.

    "No a todo el mundo se le permite poseer una identidad compleja. A lo largo de la historia, se ha despojado de manera sistemática tanto a individuos como a comunidades enteras de su individualidad e idiosincrasia con el objetivo frecuente de facilitar que puedan ser degradadas, denigradas y subyugadas (y, en algunos casos, erradicadas). Tener la posibilidad de definirse abierta y completamente es un privilegio; un honor que muchas personas dan por sentado. Tener la posibilidad de entrar en una reunión o una entrevista, de interactuar con un agente de la policía y de gozar del respeto y de la oportunidad de presentarte sin que te prejuzguen puede definir, afirmar y salvar tu vida.

    Despojar a un individuo de ese privilegio es, de por sí, bastante destructivo, pero dispensar tal trato reduccionista a toda una comunidad, país o raza crea un relato tóxicamente falso que permea generación tras generación, hasta que la ficción se convierte en un hecho y este, a su vez, se vuelve un infecto conocimiento compartido que se transmite infatigablementea través de la escuela, de las cenas familiares, de las palabras impresas en los libros y de las imágenes que pueblan nuestra cultura popular.

    Pocas entidades se han visto forzadas a atravesar tantas veces este campo de realidad distorsionada como África: un continente de cincuenta y cuatro países, más de dos mil lenguas y mil cuatrocientos millones de personas. Una región que es tratada -y de la que se habla- como si fuera un único país, despojado de matices y maldecido para siempre con la plaga de la privación.

    Durante demasiado tiempo, "África" ha sido la palabra recurrente para hablar de poobreza, luchas, corrupción, guerras civiles y grandes extensiones de árida tierra roja donde no crece nada más que miseria. O bien se presenta como un enorme safari, en el que leones y tigres deambulan libremente por las inmediaciones de nuestros hogares y donde los africanos se pasan el día congregados en tribus guerreras, medio desnudos y con la lanza en la mano, jugando a cazar y saltando al ritmo de los ritules para pasar el tiempo hasta que llegue el siguiente paquete de ayuda. Pobreza o safari, sin opciones intermedias".

1. ¿De qué privlegio crees que habla el autor? 

2. Busca en el diccionario el significado de la palabra privilegio. ¿Crees que gozas de alguno respecto a otras personas? Si así, señala cuál. Si has respondido que no, piensa si conoces a alguien o a algún grupo que sí los tenga.

3. ¿Qué crees que forrma la identidad de una persona? ¿Y la de un pueblo?


viernes, 14 de febrero de 2025

Injusticia epistémica

3.4. Injusticia epistémica

 Recientemente se ha popularizado el término injusticia epistémica gracias a la obra homónima de Miranda Fricker.

De Edmond J. Safra Center for Ethics - wikimedia.

Del mismo modo que existe la injusticia económica, podemos hablar de injusticia epistémica. Esta afecta a un conjunto de personas en su calidad de sujetos de conocimiento, ya porque lo que ellos saben (su testimonio no sea tenido en cuenta) ya porque este grupo no pueda acceder en igualdad de condiciones  los recursos que sirven para desarrollar el conocimiento. En el primer caso, Fricker llama a esta injusticia testimonial y en el segundo hermenéutica.

Empezando por la injusticia testimonial esta puede ser de dos tipos:

    - Puede que otorguemos al hablante una excesiva credibilidad

    - Puede que le otorguemos menos de la que le corresponde.

    Esta valoración desajustada del sujeto que nos habla, suele deberse a su vez, a ciertos rasgos identitarios que les atribuimos.

    Un caso de excesiva credibilidad lo vivimos las madres de nños pequeños. Solo por ser sus mamás ellos creen que lo sabemos todo y que todo lo podemos arreglar. 

    En alguna ocasión esto puede ser frustrante, porque se nos exige mucho; pero, en líneas generales, la injusticia por exceso de credibilidad no menoscaba nuestros derechos ni situación social.

    Muy distinto es cuando el testimonio de un grupo de personas es sistemáticamente invalidado a causa de la poca credibilidad que nos inspira el colectivo al que pertenece. ¿Y a qué se debe esto? Pues según Miranda Fricker se debe al prejuicio identitario.

    Parece evidente que, salvo que poseamos un saber inmenso, el hecho de que creamos o no a una persona depende de lo fiable que nos resulte. Es lo que nos ocurre a las profesoras. Las alumnas rara vez cuestionan nuestros conocimientos, dando por sentado que en nuestro trabajo manejamos información veraz. También ocurre en el médico o cuando consultamos a un abogado.

    La cosa se complica si establecemos generalizaciones infundadas sobre un colectivo creando un estereotipo que, además, sea negativo. Se causará una injusticia epistémica cuando esos prejuicios distorsionen la credibilidad impidiendo que lo que el hablante sabe sea recibido o tenido en cuenta. Y esto no es poca cosa, según Fricker, "sufrir un agravio en nuestra capacidad como sujeto de conocimiento significa sufrir una lesión en una capacidad esencial para la dignidad humana". Por lo pronto porque se le está negando su capacidad de conocer (que ya hemos visto es una característica que nos define como homo sapiens) pues lo que sabe no ha de ser tenido en consideración, es un error, una mentira, en realidad no sabe. Pero, además, sucede que cuando constantemente se nos invalida el discurso es muy probable que el propio sujeto dude acerca de sus capacidades intelectuales aunque no haya una razón física ni neurológica. Pienesa , por ejemplo, en esas personas a las que desde muy pequeñas sus padres o profes le han dicho que no vale para estudiar o que le cuesta aunque tiene buena voluntad. Es fácil que terminen creyéndolo, sea o no verdad; y, lo que es peor: este prejuicio puede terminar haciendo que la persona que lo padece acabe por ser como le describe el prejuicio:


Si todos le decimos que no vale para estudiar es probable que no estudie y que, en consecuencia, no valga  para estudiar.




    Como en cualquier ámbito de la vida, también en este ámbito podemos tener una actitud moral más o menos aceptable. La educación y la sensibilidad moral es en este terreno fundamental.

    Una persona con una sensibilidad moral desarrollada reconoce la injusticia cuando está ante ella y, del mismo modo, también reconocerá la injusticia epistémica. Ahora bien, ¿cómo desarrollamos esta sensibilidad ética? Según Fricker, en primer lugar socialmente se nos transmite una forma de vida histórica y culturalmente específica. Por ejemplo, hasta no hace mucho en España cualquier persona podría ser educada en la idea de que el lugar de la mujer era el hogar y no los ámbitos académicos. Pero, además, en el desarrollo de esta sensibilidad ética hay una tarea individual, en la que el sujeto, mediante una actitud crítica, confronte, eso que ha heredado con sus propias experiencias. Pues lo mismo ocurre con la sensibilidad testimonial.  Heredamos juicios sobre la fiabilidad de los hablantes (estos son más merecedores de ser creídos, estos menos...) sobre distintos temas. Para muchos hombres en España el arbitraje de una mujer en el fútbol es menos fiable que el de un hombre porque siempre han escuchado que las mujeres no entienden de fútbol. Sin embargo, puede que sus propias experiencias contradigan esta idea heredada y, entonces, es responsabilidad del oyente ajustar sus juicios.

    Dicho con otras palabras, solo una reflexión crítica sobre los prejuicios identitarios que heredamos podrá hacer de nosotros oyentes virtuosos. Esto significa que cuando sospechemos que al valorara la credibilidad del hablante nos están influyendo los prejuicios identitarios (En el caso del fútbol, puede que por el hecho de ser mujer y la idea que tenemos sobre nosotras y el deporte, no creamos que lo que ella vio era realmente penalti), debemos ponernos en guardia y valorar el peso de los prejuicios en nuestra opinión ¿Cómo? Pues si creemos que el prejuicio le está restando credibilidad al hablante, debemos corregir este fallo aumentando su credibilidad. Así se alcanza lo que la filósofa llama virtud de la justicia testimonial y que consiste en anular o minimizar el máximo posible el impacto de los prejuicios heredados en la credibilidad que damos al testimonio de otras personas. Es algo parecido a lo que normalmente llamamos imparcialidad, consistente en no otorgar más o menos credibilidad a un hablante por los prejuicios asociados a su identidad. Esta virtud no es un lujo ni un acto de caridad, es simplemente necesaria en nuestro intento de conocer la verdad. Sin ella muchos testimonios acertados y fiables se perderían (daríamos la victoria injustamente a un equipo solo porque no creemos a la árbitra por ser mujer). Si creemos que determinadas personas no son fiables, jamás las incluiremos en la comunidad de informantes ni solicitaremos lo que ellos saben. Es decir, las silenciaríamos y, como están silenciadas, además, es fácil que esta injusticia se pase por alto, ya que hemos excluido del discurso público a las personas que sufren injusticia epistémica por la simple razón de que no las creemos.

    Pasemos ahora al segundo tipo de injusticia epistémica, la injusticia hermenéutica

    Hablamos de otro tipo para analizarla, pero, lo común es que el mismo grupo sufra las dos a la vez. 

    Conocer el mundo significa poder interpretarlo, nos dice Miranda Fricker; pero se sufre injusticia epistémica cuando un grupo no tiene acceso a las herramientas que les permitirían comprender las experiencias y el mundo en el que vive. Esto puede ocurrir voluntariamente, que un sujeto no quiera acceder a esas herramientas; pero no sería una injusticia propiamente dado que podría acceder a ellas en cuanto lo decida. Por ejemplo, hay alumnas que simplemente no quieren estudiar ni formarse.

    Se habla de injusticia hermenéutica cuando "alguna parcela significativa de la experiencia social propia quede oculta a la comprensión colectiva debido a la marginación persistente y generalizada". Pero, además, sucede que como estos grupos no tienen las herramientas hermenéuticas para comprender su propia experiencia, la visión que se tenga sobre ellos será construida no por ellos mismos sino por otros grupos con más poder y que sí acceden a esos recursos. El grupo que sufre la injusticia hermenéutica, por su parte, al carecer de recursos interpretativos, vivirá sus experiencia  sin ser capaces de compartirlas con plena coherencia, lo que les restará credibilidad. Pero esto puede ser contrarrestado con la virtud de la justicia hermenéutica. Consiste en valorar la posibilidad de que la falta de capacidad comunicativa y testimonial no se deba a que la persona esté diciendo sinsentidos, sino a que no tiene las herramientas interpretativas para transmitir su experiencia de forma inteligible. Dicho con otras palabras, nuevamente la oyente virtuosa revisará al alza la credibilidad que le merece el testimonio de estas personas.


    Ejercicio:

    Tomando como referencia tu posición social de adolescente, analiza en qué medida sufres injusticia epistémica en los dos sentidos planteados por Miranda Fricker.

domingo, 2 de febrero de 2025

Conocimiento, creencia y opinión

     

    Normalmente entendemos por conocimiento una relación que se establece entre un sujeto (al que llamamos sujeto cognoscente) y un objeto de conocimiento. En esta relación se produce una representación mental en el sujeto que, en mayor o menor medida refleja al objeto conocido.

    Antes de analizar cómo es esta relación, cuáles son sus límites o hasta que punto podemos fiarnos de esas representaciones mentales, es conveniente distinguir tres conceptos que en el lenguaje común a veces intercambiamos; pero cuyo significado es más preciso en filosofía.

    Conocimiento sería esa representación mental de la que estamos seguros y, además, tenemos forma de demostrarla. Por ejemplo que el agua está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno.

    Hablamos de creencia cuando, pese a estar seguros, no es posible la demostración. Es lo que ocurre cuando alguien afirma que cree en Dios.

    Finalmente, en la opinión no hay certeza ni manera de demostrar la veracidad de la representación mental. Por ejemplo, si digo que a lo mejor llueve más el año que viene, estoy expresando una probabilidad o algo de lo que estoy segura y, además, esto solo podrá comprobarse cuando el año próximo haya concluido.

Como hemos visto, uno de los principales rasgos de ser humano es que somos seres simbólicos. Constantemente los usamos: Un crucifijo en una iglesia representa a Cristo, un emoticono de corazón cariño. Usamos cientos al cabo del día. En términos generales, podemos decir que los símbolos son creaciones con las que representamos una idea, un proceso o una entidad física. Ahora mismo estoy usando símbolos para reppresentar conceptos; pero ¿qué son los conceptos? Siguiendo a Aristóteles, podríamos decir qiue son representaciones mentales universaeles y abstractas que elaboramos a partir de la experiencia. 
        Pongamos el siguiente ejemplo. Este año tengo mayoría de alumnas en clase. Casa una es distinta y, sin emabrgo, a todas las llamo alumnas porque, pese a todas sus diferencias, veo en ellas algo en común. Son esos elementos comunes los que sirven para construir mi concepto de alumna. Es decir, he prescindido de lo que creo accesorio (que tengan pelo rubio, corto o largo, su nacionalidad o edad) y he abstraído, "he sacado" los rasgos que considero esenciales, es decir aquellos sin los cuales no serían alumnas, como estar matriculadas en el centro. 
     Obvianmente, el concepto no tiene una realidad física. No existe la alumnidad, sino alumnas concretas. El concepto es una representación que mi mente crea a partir de la experiencia. Lo que implica, por supuesto, que su significado puede variar según el contexto y las experiencias. Por ejemplo, hace veinte años, en España llamábamos matrimonio a la unión de un hombre con una mujer. Hoy, debido a la existencia de otras realidades, el concepto de matrimonio ha variado y entenderíamos la unión de dos personas que desean dar forma jurídica a su vínculo. Pero también, si nos fuésemos a otro contexto, la unión no tendría por qué ser solo entre dos personas. Pues bien, estos conceptos pueeden ser expresados y compartidos gracias a los símbolos. En este caso las palabras serían los símbolos; pero podrían ser también los signos que emplean las personas hipoacúsicas u otros. 
    Los conceptos, a su vez, los unimos formando proposiciones o enunciados. Decimos que los enunciados establecen una realación entre un sujeto y un predicado. Estas proposiciones se pueden clasificar empleando distintos criterios. Uno sería el de distinguir entre verdaderas y falsas; pero también podríamos diferenciarlas en analíticas o sintéticas. En niuestra vida cotidiana, llamamos a una proposición verdadera cuando la relación que establece entre sujeto y predicado coincide con la realidad y falsa si no es así. Un poquito más difícil (pero no mucho) es la distinción entre proposición analítica y sintética. Podemos llamar analítica a aquella que se limita a explicitar el sujeto. Por ejemplo, si yo digo "El todo es mayor que cada una de sus partes", no estoy diciendo nada que no venga ya incluido en la idea de todo. Puede que sea útil la proposición para alguien que no conoce el significada de la palabra todo o que no haya reparado en lo que implica; pero lo cierto es que en el mismo concepto de todo ya estaba el ser mayor que sus partes y, por este motivo, estas proposiciones simpre serán ciertas, porque el sujeto implica necesariamente el predicado.
            Por el contrario, si yo digo que mi madre es rubia,  estoy añadiendo una información adicinal al concepto madre, pues la maternidad no implica ningún color de pelo. Esta sería una proposición sintética y tendremos que recurrir a la experiencia para comprobar si esos dos conceptos, madre y rubia, está unidos correctamente en mi proposición.
    Finalmente, los enunciados pueden ser unidos en razonamientos que, nuevamente, pueden ser clasificados en inductivos y deductivos. En los deductivos llegamos a conclusiones a partir de enunciados más generales que ya han sido establecido, de manera que si estos son ciertos y los hemos conectado bien, la conclusión será cierta. En los inductivos procedemos al revés, partimos de datos menos generales y llegamos a conclusiones más amplias.
 
EJERCICIOS.
 
1. escribe un ejemplo de razonamiento inductivo y otro deductivo. 
2. Lee la siguiente anécdota:
    Una profesora de filosofía llegón un día a clase con ganas de acabar la novela que estaba leyendo, así que, en lugar de dar clases, plantó una silla en mitad de la tarima y le dijo a sus alumnes: Le pongo un 10 a quien sea capaz de emplear todos sus conocimientos para demostrarme que esta silla no es real.  Todes se lanzaron a elaborar sesudos razonamientos con ayuda de los apuntes del curso; pero una muchacha se levantó de inmediato y entregó su folio a la profesora con una sola frase escrita. Ella la leyó y a continuación sacó su bolígrafo rojo para escribir el 10.
La hoja decía: "¿Qué silla?"
 
Pues bien, te toca explicar el significado de esta extraña clase.  
 
 
     

domingo, 6 de octubre de 2024

Los estigmas

3.5.Los estigmas

El siguiente texto está extraído de la obra Crítica a la razón puta  de Paula Sánchez Perera. En él, la autora explica el significado de los estigmas y el papel que juegan en nuestras relaciones sociales siguiendo a los sociólogos que ella misma menciona al comienzo.

Pues bien, tras leer el texto con atención, vamos a realizar las siguientes actividades:

1. Intenta explicar con tus palabras el concepto de esencialización que emplea y que tan de moda se ha puesto últimamente. 

2. ¿Crees que existen diferencias entre ser algo y tener un rasgo cualquiera? Si es así explícala mediante un ejemplo.

3. Ejemplifica los seis pasos descritos por Link y Phelan con algún colectivo estigmatizado al día de hoy.

4. ¿Cómo, en tu opinión, se pueden combatir los estigmas?

" Los sociólogos Link y Phelan propusieron que estigma designa a un proceso social en el que concurren seis elementos interrelacionados. Cada uno de estos elementos representan los diferentes eslabones de una cadena que, al ir sumándose, producen eso que llamamos estigma. El primer componente es el etiquetado y ocurre cuando las personas distinguen entre sí diferencias humanas y a estas diferencias les asignan etiquetas. En segundo lugar, las creencias culturales dominantes asocian a aquellas personas previamente etiquetadas con estereotipos negativos.

Un tercer elemento del proceso refiere a que a estas personas etiquetadas con estereotipos negativos, se las separa en un "ellos" frente al cual estamos "nosotros". Es decir, la etiqueta junto al estereotipo conduce a instaurar una rígida frontera para aislar la amenaza que constituye ese "ellos" para el "nosotros". Podríamos decir que este elemento comprende tanto un factor de deshumanización (ya que al "ellos" se le concibe tan diferente que deja de ser como el "nosotros", humano) como de esencialización, de modo que el estigmatizado "es" de tal modo, no "hace" o "tiene". Para ilustrar eso último, los sociólogos ponen como ejemplo que mientras la sociedad considera que los esquizofrénicos "son" (ellos), otras personas (nosotras) "tienen" cáncer.

El factor de deshumanización alude a que una persona estigmatizada deja de ser vista como un ser humano completo, para concebirse en un estado ambivalente como puro objeto inanimado o, incluso, como alguien sobrenatural (...)

En cuarto y quinto lugar, experimenta en consecuencia una pérdida de estatus y sufren formas de discriminación que dan lugar a  un tratamiento desigual. "En nuestro razonamiento, cuando las personas se etiquetan, se separan y se vinculan con características indeseables, se construye una razón para devaluarlas, rechazarlas y excluirlas". Por tanto, cuando se produce el cuarto componente, que coloca a ese sector en un escalón bajo de la jerarquía de estatus, esta ubicación es la causa que legitima su discriminación estructural -el quinto componente-. Con relación a la discriminación estructural, explican que el estigma crea barreras de acceso a derechos y a la participación, restringiendo sus oportunidades de vida vinculadas a "ingresos, educación, bienestar psicológico, estado de la vivienda, tratamiento médico y salud" (...) 

Falta por capturar un último ingrediente sin el cual el estigma no existe: la ausencia de poder. El proceso en cadena descrito debe ocurrir en un escenario estructural caracterizado por a ausencia de poder social del colectivo estigmatizado en cuestión".


martes, 28 de noviembre de 2023

Pero. ¿es posible conocer la verdad?

3.3. Pero ¿es posible conocer la verdad?

 

     Nos guste o no, vivir implica intentar conocer el mundo; y esto es necesario porque no tenemos un guion escrito ni estamos programados. Por el contrario, constantemente tenemos que elegir qué hacer y para ajustar nuestra acción es preciso saber cómo es nuestro entorno. Otra razón podría ser que, ante las mismas situaciones, podemos dar respuestas distintas y, entonces, deberíamos preguntarnos cuál es más conveniente. Pero, nuevamente, vendría una pregunta, ¿conveniente respecto a qué? ¿a la naturaleza humana? ¿a nuestros intereses particulares? ¿a lo que consideramos justo? Responder a estas preguntas implica nuevamente un acto de conocimiento o, al menos, el intento de adquirir verdades que nos orienten. Pero, incluso, podemos buscar estos conocimientos sin intención práctica, sino por el mero hecho de querer conocer, lo que llamaríamos curiosidad pura y simple.

     En todas estas situaciones estamos presuponiendo algo, que podemos obtener certezas. Sin embargo, ¿es esto así? A lo largo de la historia de la filosofía no siempre se ha sostenido que esto sea posible. Más aún, el mismo concepto de verdad varía de unos autores a otros. 

En grandes rasgos podemos distinguir las siguientes posturas:

Dogmatismo. Entiende el conocimiento como una relación entre un sujeto que conoce y un objeto conocido en la que el sujeto cognoscente sería como un espejo donde se refleja la realidad sin sufrir alteraciones, de manera que si colocamos el mismo objeto todos los espejos tendrían la misma imagen. Eso sí, habría que asegurarse de que el espejo está limpio.  Dicho con otras palabras, según el dogmatismo, es posible obtener conocimientos universales si usamos nuestro entendimiento correctamente porque la razón (que sería el espejo) es la misma para todos. Un representante de esta postura sería Descartes (s. XVII)

Escepticismo. Esta postura, que tiene su punto de partida con Pirrón de Elis (360 a.n.es -270a.n.e), considera, por el contrario, que nada puede ser conocido con exactitud. Sin embargo, originariamente el esceptiscismo no era solo una postura epistemológica, sino también una filosofía práctica que buscaba la ataraxia o imperturbabilidad del ánimo justamente renunciando a conocer. ¿Cómo sucede esto? Pues bien, un escéptico admite los fenómenos tal como se le presentan, podría decir que tiene sed o que siente frío. Lo que no hace un escéptico (o no hacía esta escuela) es pronunciarse sobre la naturaleza de las cosas. Afirmar que tener frío es necesariamente malo o elaborar un precepto que debamos cumplir como necesariamente bueno; y es que muchas veces lo que nos aflige no es tanto lo que nos ocurre como pensar que eso es necesariamente malo por naturaleza.

     "Pues como hombre que se e afectado por los sentidos, pero al no añadir la opinión de que eso que le afecta es malo por naturaleza, padece moderadamente.

     En efecto, añadir la opinión de que algo es en así es peor incluso que el mismo sufrirlo, de la misma manera que a veces los que sufren una operación o alguna otra cosa semejante lo soportan, pero los que están presentes se desmayan por la opinión de que tiene que ser algo malo". 

                                              (Sexto Empírico Contra los matemáticos

     Relativismo. Niega que exista una verdad absoluta y universal. Por el contrario, el significado de los conceptos y lo que entendemos por verdad depende del momento histórico, cultural o personal en el que nos encontremos. Como representantes de esta postura podemos citar a los sofistas, quienes en el s. V a.n.e, sotenían  de los conceptos morales no era universal sino fruto del acuerdo. Un ejemplo de esta postura la tenemos en Aspasia o Protágoras. Este último sostuvo que "el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son".

     Perspectivismo. A diferencia del escepticismo, el perspectivismo no niega la existencia de una verdad, pero esta se compone de la suma de muchas perspectivas, por lo que descubrirla es una tarea casi interminabale. Pongamos un ejemplo. En tutorías muchas veces los padres se quedan sorprendidos con la descripción que los tutores damos de vosotros. "No para de cascar", "¡Pero si en casa apenas habla!" nos contestan. ¿Cómo es en realidad nuestra alumna, como yo la conozco o como la conocen sus padres? Igual no hay que elegir. Tal vez lo que ocurre es que la vemos desde distintas perspectivas. Yo la veo como alumna, sus padres como hija y, lo que ambos conocemos es cierto. Podríamos añadir más perspectivas, como hermana, amiga, miembro de un club de balonmano... Seguramente, esa persona sea la suma de todas esas perspectivas más las que queden por descubrir, cómo es en tanto que cuñada, ingeniera...


 

      Un representante de esta postura lo tenemos en España. Se llama Ortega y Gasset. Su teoría del punto de vista venía a decir que cada uno de nosotros, pero también cada pueblo, tiene un punto de vista que es insustituible por ello su contribución a la verdad es fundamental porque lo que desde ese punto de vista puede ser desvelado no puede serlo desde ningún otro. Y la realidad es, finalmente, la suma de todos esos puntos de vista.

     Verdad como metáfora. Finalmente, en el s. XIX Friedrich Nietzsche escribe en Verdad y mentira en sentido extramoral que la palabras son metáforas que tomamos por realidad solo porque hemos olvidado su carácter metafórico. Esto quiere decir que cuando nombramos un concepto no estamos mostrando la naturaleza inalterable de las cosas. Hablamos para comunicarnos pero esto solo es posible si usamos términos generales porque, claro, no podríamos tener una palabra para cada experiencia personal. El vocabulario sería infinito. Así que lo que hacemos es cambiar esa experiencia íntima de las cosas por algo que se le parece pero que no es exactamente lo que yo he vivido. 

Por ejemplo, si yo digo que me eché la siesta bajo un árbol, seguramente los que me oigan tengan una idea aproximada de lo que he hecho. Seguramente no crean que he estado jugando al Trivial; pero aparte de eso, ¿en qué se parece lo que digo a lo que he vivido? ¿cómo fue mi sueño, largo, corto, profundo, reparador? ¿Y el árbol? ¿era un pino, un abeto, un sauce? ¿joven o viejo? ¿cómo eran sus ramas? ¿seguirán siendo las mismas mañana o se le habrán caído hojas? Nada de esto se dice en la frase que acababa de enunciar.

En definitiva, las palabras son pactos, errores inevitables que nos permiten vivir en sociedad a cambio de renunciar a la experiencia individual, única y siempre cambiante de la realidad. El problema es cuando olvidamos ese carácter metafórico y tomamos los conceptos por realidades inmutables. Esto sería un gran error, pues para Nietzsche nada hay así, permanente, en la vida.


EJERCICIO

1. Y ahora te toca a ti: Elige la postura con la que creas que más te identificas y justifica tu elección. Recuerda que puedes crear la yuya propia o combinar varias siempre que tu argumentación sea coherente.

2. Escucha esta canción de presuntos implicados y di con qué postura crees que se identifica y por qué.

https://www.youtube.com/watch?v=KJG6_gZsuIo

                                                

martes, 24 de octubre de 2023

INTRODUCCIÓN

 

 

     1. Lee el siguiente texto:

      Zuangzi y Huizi estaban paseando por el dique en el río Hao. Zuangzi exclamó: "¿Mirad cómo brincan y disfrutan esos peces plateados! ¡He aquí el verdadero deleite de los peces!"

     Huizi: "Pero no sois un pez, ¿cómo sabéis cuál es el deleite de los peces?"

     Zuangzi: "No sois yo, ¿cómo sabéis que no sé cuál es el deleite de los peces?"

     Huizi: "No soy vos y, ciertamente, no sé lo que lleváis dentro. Pero está claro que no sois un pez, por tanto no sabéis cuál es el deleite de los peces".

     Zuangzi: "Volvamos al punto de partida, si no tenéis inconveniente. Me habéis preguntado cómo sé cuál es el placer de los peces. Por tanto, si me habéis preguntado esta pregunta, es que sabíais  que yo lo sabía. Pues bien, lo sé estando aquí, a la orilla del río".