miércoles, 28 de octubre de 2026

Animal Humano

 

         Vamos a partir del siguiente ejercicio: Cita especies animales que usemos para denotar rasgos humanos. 

 

Por ejemplo, llamamos a alguien ballena para decirle que tiene sobrepeso. 

¿Llegas a alguna conclusión?






        Igual, después de todo, no somos tan especiales. O sí.

Aunque nuestra es especie es bastante joven (unos 200000 años de antigüedad), nuestro dominio sobre el planeta es tal que este periodo geológico es llamado por algunos antropoceno. El término procede del premio Nobel de química Paul Crutzen.

Por Teemu Rajala - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10746599
        Aunque la Unión Internacional de Ciencias Geológicas rechazó el término, con su uso el químico quería señalar el impacto global que las actividades humanas están teniendo en el planeta.  Algunos de los efectos son hoy día muy conocidos como es el caso del calentamiento global, el aumento del nivel del mar, cambio en la biosfera terrestre y marina o proliferación de residuos derivados de la actividad humana.
 


        En el documental Homo Plastic, narrado por el famoso paleontólogo José Luís Arsuaga, se tratan los efectos del uso masivo del plástico en nuestro planeta.

        Nuestra relación con los demás seres vivos, por su parte, ha venido marcada por el especismo, es decir, la discriminación de los animales por considerarlos inferiores. Sin ir más lejos, el gran Descartes (1596-1650) consideraba que, dado que carecían de lenguaje, tampoco poseían intelecto y que sus cuerpos eran puramente mecánicos, algo que funcionaba como un reloj. Por eso los llamaba bêtes-machines. Y, como en su opinión, eran solo cuerpos, no podían sufrir dolor. Si al ser azotados gritan, no es por dolor. Es una pura reacción mecánica. Pero en 2001 el filósofo Carl Cohen sostenía que reconocer derechos a los animales era un error.
        La postura contraria sería el animalismo, que sostiene la necesidad de reconocer los derechos del resto de los animales debido su capacidad de sentir. Es la postura del filósofo australiano Peter Singer (1946), quien en 1973 publicó el manifiesto Animal Liberation. En él denunciaba el maltratato que sufren millones de animales.  Singer considera que la pretendida superioridad de la condición humana en relación a las otras especies no está justificada, ni avalada por la ciencia y que subsiste porque interesa a los humanos, para mantener nuestro status quo en el conjunto de la naturaleza. Por tanto, es por razones interesadas y utilitaristas que no se reconocen los derechos de los animales, como en épocas anteriores, no se reconocían los derechos a los esclavos, a las mujeres o a los inmigrantes 

martes, 19 de mayo de 2026

Teoría de la democracia



        Para empezar a hablar de la democracia podemos recurrir a su etimología. Demos significa pueblo en griego y cratos poder, así que sería el modo de gobierno donde el poder reside en el pueblo. Noberto Bobbio la define como "el conjunto de reglas que permiten la más amplia y segura participación de la mayor parte de los ciudadanos, ya de forma directa ya de forma indirecta, en las decisiones políticas, es decir en las decisiones que afectan a toda la colectividad".


        De acuerdo con esta definición, Bobbio, establece cuáles han de ser las reglas fundamentales de la democracia, a saber:
        - Todos los ciudadnos mayores de edad han de poseer derechos políticos, consistente en expresar con  el voto la opinión o elegir a quien la exprese por él.
        - Todos los votos han de tener igual peso.
        - Todos los ciudadanos han de ser libres a la hora de votar e informarse, lo que implica la existencia de debates.
        - Deben existir alternativas reales.
        - Vale el principio de la mayoría.
        - Ninguna decisión tomada por mayoría debe limitar los derechos de las minorías, sobre todo el de poder convertirse en igualdad de condiciones en mayoría

                                            1909-2004, fue un jurista,                                                             politólogo    y filósofo italiano y,                                                 encima, tuvo de compañero de clase                                              a Cesare Pavese.



    Bien, asumiendo como regla el principio de la mayoría, Bobbio señala a continuación que esta norma no está exenta de problemas y señala principalmente tres.
  
1. El criterio de la mayoría es un criterio cuantitativo, así que nos podríamos preguntar :¿sirve para solucionar problemas cualitativos? ¿Hasta qué punto los problemas cualitativos pueden resolverse según los tantos por cientos que suponen las decisiones democráticas?
Pero, por otra parte, si la mayoría no sirve, solo nos quedan dos opciones: que dirijan unos pocos o que dirija solo uno. Y entonces nos podríamos preguntar por qué es más válido su                                                                        criterio.
    Además, el principio de la mayoría, dice este autor, es más respetuoso con la libertad humana y  el derecho a dirigir nuestras vidas, al tiempo que se garantiza el orden social. En palabras de Kelsen (también jurista, filósofo y político), el principio de la mayoría garantiza el mayor grado de libertad personal a la vez que el orden social porque con este principio el orden social concordará con la voluntad del mayor número y discrepará con la del menor número posible.
    Asimismo, la regla de la mayoría se basa en la idea de la igualdad en el sentido de que todas las personas tienen el mismo valor político.
    Bien es cierto que la mayoría puede decidir algo absurdo; pero, en tal caso, sigue habiendo una ventaja, porque las consecuencias del error las paga los que lo han cometido. En cambio, si las decisiones las toma una minoría, los errores los pagan otros: la mayoría.  

    2. Posibilidad de que la mayoría decida establecer un sistema no democrático o dictadura, como ocurrrió con Hitler en 1933
    Para responder a este problema podemos seguir a Elías Díaz en su obra Estado de derecho y sociedad democrática (Taurus). En ella rebate, en primer lugar, el ejemplo como un ejemplo falaz, pues, en realidad, el pueblo alemán no era libre con la violencia nazi en las calles, el incendio del Reichtag...Todo lo contrario, el pueblo estaba intimidado. 
    Además, un pueblo no puede negarse a sí mismo la libertad porque un pueblo es algo dinámico, siempre lo están integrando nuevas personas y ningún cuerpo electoral puede negar la libertad a aquellos que no lo han decidido. En consecuencia, habría que votar todos los días y, en tal caso, no podríamos seguir hablando de dictadura.
    A esto añade Bobbio que la regla de la mayoría tiene un límite: la regla que impide a la mayoría abolir la mayoría.

    3. Finalmente, cabe preguntar si todo tema de interés colectivo debe someterse a este principio. Bobbio señala tres excepciones: los derechos humanos, asuntos científicos y tecnocráticos; aunque estas exclusiones no son absolutas ya que los asuntos científicos y tecnocráticos, debido a sus implicaciones sociales, pueden requerir una valoración democrática así como algunos aspectos en la regulación de los derechos humanos.

    Sin embargo, quizás el mayor problema a día de hoy sea la misma realización efectiva de la democracia.
    En primer lugar, la democracia moderna nunca fue directa como la ateniense sino representativa. Los ciudadanos no toman las decisiones y esto puede acarrear que se distancien así como el representante del representado. 
    Por todos estos problemas y otros, podríamos decir que la democracia perfecta no existe. Más bien habría que concebir la democracia como un proceso inacabado hacia un ideal, como "democratización".


ACTIVIDAD
    Junto a los riesgos mencionados, no pocos filósofos y polítologos han advertido de la amenaza que supone la desinformación. Aunque hoy creamos que este es un problema nuevo, ya Hannah Arendt nos advirtió 
    "debemos pasar ahora al fenómeno relativamente reciente de la manipulación masiva de los hechos y las opiniones, algo que salta a la vista en la reescritura de la historia, el trabajo de los creadores de imagen y la política gubernamental. La mentira política tradicional, tan notoria en la historia de la diplomacia y en el arte de gobernar, solía estar relacionada con verdaderos secretos -datos que jamás habían sido hecho públicos- o bien con determinadas intenciones; es decir, estaba relacionada con cuestiones que no tienen el mismo grado de fiabiliadad que los hechos consumados; las intenciones, como todo lo que se halla solo en nuestro interior, son simples potencialidades: aquello que tenía intención de ser una mentira puede terminar siendo verdad. Por el contrario, las mentiras políticas modernas se ocupan eficientemente de aquello que en absoluto es un secreto, de aquello que es conocido por casi todos. Esto es obvio en el caso de la reescritura de la historia contemporánea ante los ojos de quienes fueron testigos de los hechos, pero también se percibe en el trabajo de los creadores de imagen, trabajo en el que, una vez más, todo hecho conocido y probado se puede negar o desdeñar si daña a la imagen; y es que, a diferencia de un retrato antiguo, la imagen no pretende mejorar la realidad, sino sustituirla por completo. Y, gracias a las técnicas modernas y a los medios de comunicación, este sucedáneo es mucho más visible para el público de lo que jamás fue su original. Así, terminamos teniendo frente a nosotros a hombres de estado muy respetados que, como Charles de Gaulle y Adenauer, han sido capaces de construir sus políticas básicas sobre hechos que obviamente no tuvieron lugar: Francia se presenta como una de las vencedoras de la última guerra y, por tanto, como una de las grandes potencias, mientras que Adenauer afirma que "la barbarie del nacionalsocialismo solo afectó a un porcentaje relativamente pequeño del país". Todas estas mentiras, lo sepan o no sus autores, contienen un elemento de violencia; la mentira organizada siempre tiende a destruir lo que se ha decidido negar, aunque solo los gobiernos totalitarios han adoptado de manera consciente la mentira como paso previo al asesinato. Cuando Trotski descubrió que nunca había desempeñado un papel en la Revolución rusa, debió de comprender que se había firmado su sentencia de muerte. Está claro que resulta más fácil eliminar a una figura pública de los registros históricos si al mismo tiempo es posible eliminarla del mundo de los vivos. En otras palabras, la diferencia entre la mentira tradicional y la mentira moderna equivale en la mayoría de los casos a la diferencia entre ocultar y destruir."
(Verdad y política)